8 ene. 2009

Era la hora...

Ya era la hora. Tenía que salir, o no llegaría al autobús. Toda su familia estaba alborotada, corriendo de un lado para otro, pegando gritos, terminando las maletas, ultimando los detalles del viaje. Por fin todos salieron, con un: te esperamos fuera, no tardes. Y despues todo quedó en silencio.

Ella caminaba despacio, llevaba una pequeña maleta sobre uno de sus hombros y se dirigia lentamente hacia la puerta. En su cabeza pasaban, como diapositivas, todos los momentos que habia vivido junto a él: la primera vez que lo vio, como se conocieron, las primeras miradas y todo lo que éstas decían sin la necesidad de hablar.. Eran tantos momentos juntos, tantas cosas...y ahora ellos pretendían que lo olvidara, que se desprendiera de él como el que se desprende de un objeto estropeado, no podían entender lo que sentía, lo que había pasado...le doblaba la edad ¿y que? -pensaba- si lo quería, si él era el único que cuando todo iba mal, me sacaba una sonrisa, que me entiende, que sabe que hay un mundo tras mis ojos...el unico que no me presiona, simplemente se sienta a mi lado a compartir el silencio, el único que me hace feliz...
Estaba cansada, ya no tenía voz, la había perdido repitiendo una y otra vez todo aquello, a todo el mundo...pero nadie la escuchaba, no querían escucharla, no tenía lágrimas, las había derramado todas en su almohada aquella noche...sólo le quedaba su silencio.
Tantos recuerdos...¿como olvidarlos? Se preguntaba. No puedo, es imposible.
Estaba llegando a la puerta, lo único que deseaba es que él estuviese ahí fuera, esperándola en silencio, con ese brillo en los ojos, en los que tantas veces había naufragado... verdaderamente, lo deseaba, deseaba que estuviese ahí de pie, dispuesto a llevarla lejos de todos, los dos solos, para empezar desde cero...pero sabía que eso no podiá pasar, aunque lo deseara con todas sus fuerzas...

Ya era la hora, desde fuera se empezaron a escuchar voces llamándola, tenía que salir, así que, se miró al espejo, se secó las lágrimas que rodaban por su cara, respiró lentamente y giró el pomo de la puerta. Y con un paso algo tembloroso dirigiáse hacia el coche que la esperaba fuera, aquel coche que la llevaría lejos de él, lejos de su sueño

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